Juan el bautista trae un elegante vestido de piel
de camello adornado con un cinturón de cuero, con músculos tonificados por qué
se alimenta de langostas o grillos saltamontes. Hoy quiero que entendamos que
servir no es para altivos.
Por qué la Biblia siendo un libro tan serio, donde
el espacio es estricto para decir cosas importantes nos dice ¿Cómo iba
vestido y qué comía? ¿Qué nos interesa a nosotros saber ese tipo de detalle?.
Juan el bautista era el predicador más famoso que
había en el momento, reunía multitudes, el río se llenaba de gente, el rey le
tenía miedo por lo tanto le respetaba y todo el mundo decía: él es profeta.
Juan era un hombre de 33 años aproximadamente;
cuando predicaba se convertían mucha gente, no daba basto bautizando gente,
tenía un avivamiento tremendo y en ese momento histórico tan grande de su vida
es donde dice el escritor: “Y Juan estaba vestido de piel de camello y
llevaba un cinto de cuero y comía lo de siempre: langostas y miel silvestre”.
Es decir, a Juan no lo había afectado el éxito,
seguía siendo el mismo Juan de siempre; y le preguntaban: Juan, ¿usted es el
profeta? ¿O eres el Elías que habría de venir? a lo que él respondía: no soy ni
profeta, ni Elías, aunque Jesús dijo que sí era profeta y que sí era él Elías
que habría de venir.
Entonces: Juan, ¿Por lo menos díganos quién es
usted? a lo que respondió: simplemente yo soy una voz que clama en el desierto,
en otras palabras soy un humilde predicador.
Juan predicaba y tenía su propia congregación, pero
tal vez alguien se acercó y le dijo: Juan ese muchacho joven que
bautizaste hace unos días se está llevando tus creyentes, pero Juan era un
hombre admirable, tenía una idea clara de quién era él y cuál era su misión, a
lo que responde:
A eso fue que vine a arreglarle la novia para que
se la lleve ese muchacho, yo se la estoy arreglando por fuera para que quede
limpiecita; yo los bautizó en agua pero ese muchacho, él los bautizará con
Espíritu Santo; Esa es la grandeza de un verdadero siervo.
Nuestra proyección debe ser menguar para que él
crezca. Nadie que quiera ser grande y famoso le sirve el cristianismo, porque
aquí sólo hay uno, que es el más grande y su nombre es sobre todo
nombre y ante ese nombre se dobla toda rodilla.
Para poder servir a Dios, nuestra humildad
es fundamental, sin corona es que Dios nos puede usar, no hay cristiano con
proyección de servicio que sea orgulloso, altivo, arrogante, y soberbio, Cristo
es el verdadero ejemplo de un buen servidor.
No olvides que servir no es para altivos, no
permitas que la fama haga subir tu ego.
Pastor Alvaro Torres

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